
En realidad, la luna llena no siempre es la única culpable. El sueño es muy sensible a nuestro estilo de vida: fatiga, pantallas, ritmos irregulares, preocupaciones… todo ello influye significativamente.
La luna llena puede acentuar un período en el que ya te sientes algo estresado o preocupado. Debido a que duermes más ligeramente, te despiertas con más facilidad y tienes la sensación de haber dormido mal.
A veces, basta con una habitación demasiado iluminada, un día ajetreado o una mente demasiado preocupada para que la noche se vuelva inquieta.