La pantalla es uno de los componentes que más energía consume en un teléfono. Cuando se ajusta al brillo máximo, sobre todo en interiores, consume una cantidad considerable de energía innecesariamente. Activar el ajuste automático de brillo o reducirlo manualmente lo antes posible es un hábito sencillo pero muy efectivo. Además, si tu dispositivo cuenta con esta función, considera desactivar la pantalla siempre activa: aunque pueda resultar estéticamente agradable, rara vez es necesaria.
Bluetooth, GPS y Wi-Fi siempre activos.
Los encendemos por la mañana… y nos olvidamos de ellos todo el día. Sin embargo, Bluetooth, GPS y Wi-Fi siguen buscando conexiones, incluso cuando no los estamos usando. Esta búsqueda constante consume la batería sin que nos demos cuenta. Lo mejor es desactivar estas funciones en cuanto dejen de ser necesarias, sobre todo cuando viajamos.
Utilizar cargadores inadecuados

Un cargador de baja calidad o no certificado puede parecer práctico al principio, pero puede alterar el ciclo de carga de la batería. A la larga, esto reduce el rendimiento y acelera el desgaste. Por lo tanto, lo mejor es usar un cargador original o compatible y certificado, aunque suponga una pequeña inversión adicional.
Posponer las actualizaciones del teléfono
Las notificaciones de actualización se acumulan y terminamos ignorándolas. Sin embargo, estas actualizaciones suelen corregir fallos invisibles que afectan al consumo de energía. Un sistema obsoleto puede, por lo tanto, provocar un consumo excesivo de batería. Instalar actualizaciones del sistema y de las aplicaciones con regularidad ayuda a optimizar el rendimiento general del teléfono.
Demasiadas notificaciones innecesarias
Cada notificación que recibes enciende la pantalla, activa la red y sobrecarga el procesador. Si a esto le sumamos decenas de aplicaciones, la batería se agota rápidamente. Organizar tus notificaciones ahorra batería y energía mental. Conserva solo las que realmente necesitas y desactiva el resto sin dudarlo.