El peso de sus palabras se fue asentando poco a poco, porque no se trataba solo de que Maren fuera inocente, sino de que me habían manipulado para que creyera lo contrario, y de que había elegido la comodidad por encima de la confianza en un momento en que la paciencia podría haberlo cambiado todo.
—Hay una cosa más —añadió Gideon con cautela—. En los certificados de nacimiento de los gemelos, Maren figura como la única madre. No hay ningún padre registrado.
La implicación impactó más que cualquier acusación.
Maren había gestado y dado a luz a nuestros hijos sola, sin mi presencia, sin mi apoyo, mientras yo seguía adelante con mis planes de compromiso y expansión empresarial, convencido de que había sido víctima de una injusticia.
Durante un largo rato, ninguno de los dos habló.
Finalmente, exhalé lentamente.
“Necesito verla.”
Gideon asintió.
“Puedo arreglarlo discretamente.”