ANUNCIO

Le daba vergüenza traer a su esposa, así que llevó a su secretaria.

ANUNCIO
ANUNCIO

Javier se puso rígido.

Sofía sostuvo su mirada.

“¿Qué es ella para ti?”, preguntó Sofía.

A Javier se le hizo un nudo en la garganta.

Él podría mentir.

Podría minimizar.

Podría utilizar las viejas tácticas.

Pero algo en la noche anterior —la forma en que Riveros lo miró, la forma en que la sala había celebrado a Sofía— había quebrado su arrogancia.

Javier tragó saliva con fuerza.

"Dejé que se volviera inapropiado", admitió. "Me gustaba la atención. Me gustaba sentirme... admirado".

Sofía asintió lentamente, como si esperara esa respuesta.

“¿Y ahora?” preguntó.

La voz de Javier tembló.

"Lo termino", dijo. "Hoy. Profesional y personalmente".

Sofía se quedó mirando durante un largo rato.

—Hazlo —dijo—. Y entonces veremos qué clase de hombre eres cuando nadie aplauda.


El final que dejó a todos verdaderamente en silencio.

Esa tarde, Javier llegó temprano a la oficina.

Camila ya estaba allí, maquillaje perfecto, postura perfecta, sonrisa perfecta.

"No respondiste a mis mensajes", dijo ella a la ligera.

Javier cerró la puerta tras de sí.

“Hemos terminado”, dijo.

La sonrisa de Camila se congeló.

“¿Qué?” se rió, como si fuera una broma.

La voz de Javier se mantuvo plana.

"Te van a reasignar", dijo. "Recursos Humanos se encargará. Y fuera del trabajo, esto se acaba. Para siempre".

Los ojos de Camila se entrecerraron.

“¿La estás eligiendo?” susurró.

Javier se estremeció ante la fealdad en su tono, no porque no la hubiera visto antes, sino porque la había ignorado cuando le beneficiaba.

"He decidido dejar de ser repugnante", dijo en voz baja.

La expresión de Camila cambió a algo frío.

"Te arrepentirás de esto", susurró.

Javier abrió la puerta.

"Vete", dijo.

Y por primera vez, no le importó cómo se veía.


Pasaron las semanas.

Javier no lo “arreglaba” todo con regalos.

No le compró un coche a Sofía.

No publicó fotos de pareja como PR.

Hizo cosas más difíciles:

Él apareció.

Él escuchó.

Dejó de hacer competir a Sofía con su ambición.

Se alejó un paso de los proyectos que devoraban su vida.

Comenzó la terapia, en silencio, no como una actuación.

Sofía no perdonó rápidamente.

Ella no se derritió.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO