“¿Por qué fue necesaria una humillación pública para que me respetaras?”
A Javier se le hizo un nudo en la garganta.
—No —susurró—. Te respetaba. Solo que... no quería que los demás vieran que tu luz empequeñecía la mía.
La mirada de Sofía se agudizó. "¿Y ahora?"
Javier se acercó más.
"Ahora quiero ser el tipo de hombre que no se siente amenazado por la mujer con la que se casó", dijo. "Aunque eso signifique alejarme de las cosas que antes perseguía".
Sofía se puso de pie.
Su voz era tranquila, pero cada palabra era un límite.
“Estas son mis condiciones”, dijo.
Javier se quedó helado.
—Terapia —dijo Sofía—. Terapia de verdad. Nada de una sesión de farol.
Él asintió rápidamente.
“Transparencia”, continuó. “Tu horario, tus mensajes, tus relaciones laborales. No porque quiera tener el control, sino porque rompiste la confianza. Y la confianza no se recupera con deseos”.
Javier tragó saliva. “Sí.”
—Y una cosa más —dijo Sofía con la mirada fija.
Javier esperó.
—No puedes llamarme 'tu esposa' como si fuera un trofeo —dijo—. En esas salas, en esas galas, delante de esos hombres, me presentarás por mi nombre.
Los ojos de Javier se llenaron de lágrimas.
“Sofía Mendoza”, susurró.
Sofía asintió.
—Y si alguna vez vuelves a hacerme sentir pequeña —dijo en voz baja—, me iré. No con drama. No con venganza. Con paz.
La voz de Javier se quebró.
“Lo entiendo”, dijo.
Sofía exhaló.
"No prometo perdón", añadió. "Ofrezco una oportunidad".
Javier asintió como si le hubieran dado una segunda vida.
EPÍLOGO — UN AÑO DESPUÉS
El mismo Gran Hotel acogió otra gala.
La misma escalera. Las mismas luces brillantes. Las mismas sonrisas ejecutivas.
Pero la sala ya no esperaba a Javier Mendoza.
Estaban esperando a Sofía.
Ella estaba de pie en lo alto de la escalera nuevamente, esta vez vestida de marfil, elegante y sencilla, con expresión tranquila.
Allá abajo, Riveros esperaba con una sonrisa.
Y a su lado estaba Javier.
No delante de ella.
No la estoy arrastrando.
Simplemente permanecía allí de pie, orgulloso, tranquilo, firme, como un hombre que finalmente comprendía la diferencia entre posesión y sociedad.
Cuando Sofía llegó hasta ellos, Riveros levantó su copa.
“Esta noche”, anunció, “celebramos el lanzamiento de la Iniciativa de Alfabetización de Mendoza, que llevará nuevas bibliotecas y capacitación docente a cincuenta escuelas marginadas”.
La sala estalló en aplausos.
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