Tienes dolor de estómago después de una comida copiosa, una pequeña molestia dental o la nariz tapada que no se te quita… y no te apetece tomar otra pastilla. Lo que no se sabe tanto es que parte de la solución a veces se encuentra… en el cajón de las especias. Entre la canela, la cúrcuma y la pimienta, se esconde un pequeño tesoro marrón, discreto pero poderoso: el clavo. Utilizado durante siglos en muchas culturas, ahora está resurgiendo en nuestra vida cotidiana como un elemento esencial de nuestro botiquín casero.
Por qué esta pequeña especia es tan interesante

El clavo es en realidad un capullo de flor seco, muy rico en compuestos aromáticos, uno de los más conocidos de los cuales es el eugenol. Este nombre, que puede resultar un tanto intimidante, oculta su fragancia cálida y ligeramente embriagadora, que se reconoce al primer contacto.
Tradicionalmente, se utiliza para favorecer la digestión, aliviar ciertas molestias locales y reforzar las defensas naturales del organismo. Además, es una de las especias más ricas en antioxidantes, lo que la convierte en un ingrediente esencial para un estilo de vida equilibrado.