
Hoy en día, nuestras negativas se transmiten mediante un mensaje de voz, un emoji o un GIF. El lenguaje digital ha reemplazado algunos de nuestros códigos gestuales, y el gesto de la higa se ha vuelto menos común.
Sin embargo, no ha desaparecido por completo. A veces se puede encontrar como un pequeño amuleto de buena suerte o en ciertas familias donde la tradición se perpetúa discretamente.
Lo que cambia no es la necesidad de expresar rechazo o de protegerse, sino la forma. La esencia sigue siendo la misma: seguimos buscando maneras sutiles de establecer nuestros límites sin entrar en conflicto.
¿Y si, en el fondo, la higuera nos recordara que podemos decir no con calma, proteger nuestro espacio con delicadeza y afirmar nuestra fuerza a través de este símbolo de protección … sin necesidad de alzar la voz?