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La envió a PRISIÓN embarazada por otra mujer……

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espesa y peligrosa que repentinamente saturó el ambiente. Isabella se detuvo. No retrocedió ni un milímetro. Sus ojos, insondables y fríos como el hielo siberiano, se clavaron en el rostro descompuesto de Mateo.

Diego y Luna, aferrados a las manos de su madre, alzaron sus rostros hacia aquel extraño, corpulento y sudoroso, mirándolo sin asomo de miedo, sino con una repulsión silenciosa y educada.

“Isabella”, balbuceó Mateo con la voz ronca rota por una mezcla de terror y audacia. temeraria. Tragó saliva intentando desesperadamente recomponer su careta de galán invencible. Dios santo, estás viva, estás aquí.

Y estos estos niños dio un paso al frente, extendiendo una mano temblorosa hacia el hombro de Diego, un gesto impulsivo movido por el instinto primario de marcar su territorio.

Tienen mis ojos. Son míos. Esos niños llevan mi sangre. El movimiento de Isabela fue imperceptiblemente rápido, pero fulminante. Antes de que las yemas de los dedos de Mateo pudieran siquiera rozar el fino paño de la chaqueta del niño, ella dio un paso lateral, interponiéndose como un muro de contención infranqueable.

Su postura era la de una leona dispuesta a arrancar la yugular del cazador, sin dudarlo una fracción de segundo. “No te atrevas a ponerles una de tus sucias manos encima”, pronunció Isabela.

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