Exactamente la misma jugada sucia que ese cobarde de tu jefe te hizo a ti. La brutal honestidad de la revelación forjó de inmediato un vínculo inquebrantable, casi místico, entre ambas mujeres.
Eran dos almas nobles que habían sido traicionadas de la forma más rastrera por aquellos en quienes habían depositado su amor ciego. dos víctimas directas de la insaciable codicia humana lanzadas al abismo del presidio para limpiar el terreno de sus verdugos.
Pero la veterana loba de los negocios vio en aquella joven madre soltera algo muchísimo más valioso que una simple compañera de celda para llorar las desgracias. vio un diamante en bruto.
Vio la integridad moral e incorruptible que a ella siempre le había faltado en su escalada desmedida hacia la cima, pero por encima de todo vio la ferocidad protectora de una madre leona dispuesta a tragarse el universo entero para garantizar la supervivencia de su camada.
A partir de aquella revelación nocturna, la estrecha, húmeda y edionda celda de castigo se transmutó por arte de magia y necesidad en la más selecta, exigente y despiadada escuela de alta dirección del país.
Cuando el toque de queda imponía el silencio sepulcral en la galería y solo se escuchaba la respiración acompasada de Diego y Luna durmiendo plácidamente en su lecho, doña Leonor daba comienzo a su particular cátedra de supervivencia financiera.
No necesitaban ordenadores, ni proyecciones de diapositivas, ni sofisticados gráficos de Wall Street. bastaba y sobraba con la prodigiosa, analítica y calculadora mente de la anciana para ir desgranando, punto por punto, los entrecios, las trampas y los secretos mejor guardados de la élite empresarial europea.
con una paciencia marcial le enseñó a Isabella a interpretar y desglosar balances contables complejísimos, cerrando los ojos a detectar a kilómetros de distancia las cláusulas abusivas y debilidades estructurales ocultas en contratos blindados por los mejores bufetes y a anticipar los violentos baivenes del mercado bursátil, como si estuviera moviendo las piezas de una partida de ajedrez a vida o muerte.
El dinero no llora, no sangra y carece de sentimientos. Isabela le machacaba Leonor noche tras noche agarrándole la muñeca con sus dedos huesudos con una fuerza insospechada. El dinero es pura y dura munición.
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