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En mi noche de bodas me escondí bajo la cama para…

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—Ese es tu primer error. Esta nunca fue tu casa.

Saqué la escritura y la déjé frente a él.

Después de coloqué el acuerdo que había firmado.

—El departamento fue comprado con mi dinero y está registrado únicamente a mi nombre. Además, firme una renuncia total a los derechos sobre la propiedad.

Begoña se puso de pie de golpe.

—¡Lo engañaste!

-No. Le di documentos para leer. Su ambición decidió no hacerlo.

Fabián me miró como si no reconociera a la mujer sentada frente a él.

—¿De dónde sacaste dinero para comprar esto?

Respiré profundamente.

—Mi nombre completo es Inés García Herrero.

Vi cómo la sangre desapareció de su rostro.

-No…

-Si. Arturo Herrero, propietario de Titán Construcciones, es mi padre. No es un jubilado sin recursos. Solo aceptó representar ese papel porque yo quería saber si me amabas a mí oa mi dinero.

Nerea se llevó una mano a la boca.

Begoña retrocedió hasta chocar con la pared.

—Fabián —continué—, no solo intentaste robarle una vivienda a tu esposa. Durante meses robaste dinero de la empresa de mi padre.

—Eso es mentira.

—Sin amores. Tenemos las facturas falsas, las transferencias y las cuentas a nombre de tu madre.

Begoña giró hacia él.

—¡Me dijiste que eran bonos!

—¡Tú me dijiste cómo dividir los depósitos! —le gritó Fabián.

Entonces tomé el teléfono y conecté el audio al sistema de sonido del comedor.

La voz de Begoña llenó la habitación:

“Vivirá con él un año. Luego la echaremos. El departamento será nuestro”.

Después se oyó la voz de Fabián:

“Inés es sosa como yogur natural. Nerea es fuego”.

Nadie se movió.

Yo había creído que escuchar aquella grabación otra vez me rompería. Sin embargo, en ese momento no sentí tristeza.

Solo libertad.

Sonaron golpes firmes en la puerta.

Beatriz entró acompañada por dos agentes y un representante del área legal de Titán.

—Fabián Ramos —dijo uno de los agentes—, queda detenido por fraude, falsificación de documentos y desvío de recursos.

—Inés, por favor —balbuceó Fabián—. Yo te amé. Estaba confundido. Mi madre me presionó.

Begoña abrió la boca indignada.

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