Simplemente personas que querían decir “gracias”.
El alcalde le colocó una sencilla medalla alrededor del cuello a Rex.
“Por lealtad y valentía.”
Todos aplaudieron.
Pero Mihai se arrodilló junto al perro y susurró suavemente:
“No solo me salvaste la vida.”
Rex lo miró con esos ojos cálidos e inteligentes.
“Me recordaste por qué vale la pena luchar.”
A lo lejos, las campanas de la iglesia volvieron a sonar.
Pero esta vez…
no para la muerte.
Pero para toda la vida.
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