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El niño roto detiene la ira

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El tercero simplemente guardó silencio cuando se le preguntó sobre aquel día.

“No es un caballo”, dijo un especialista europeo.
“Es rabia encerrada en el cuerpo”.

Pero hoy era el último día.

Último intento.

Si no pueden romperlo, lo quitarán.

Tranquilo.

Sin ruidos innecesarios.

Estos animales no se quedan solos.

La multitud estaba entusiasmada.

Se acabaron las apuestas.
Los teléfonos están listos.
Las cámaras están encendidas.

Todos estaban esperando.

Y de repente…

Todo ha cambiado.

Al principio, nadie lo entendió.

El ruido simplemente disminuyó.

Entonces alguien se dio la vuelta.

Luego otro.

Y de repente, una ola.

Miradas. Susurros. Desconcierto.

Desde la sombra de la arena…
lentamente…
casi en silencio…

Él apareció.

Dieciocho años.

Ilya.

Hace dos años se conocía su nombre.

Lo estaban esperando.

Dijeron de él:

– Futuro.

– Campeón.

– Leyenda.

Y luego…

una noche.

un coche.

un golpe.

Y silencio.

Cuando abrió los ojos, el mundo ya era diferente.

 

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