Años después, la gente contará la historia equivocadamente, porque a la gente le encantan los villanos simples y los héroes limpios. Dirán que al millonario lo salvó una niñera, como si fuera magia, como si no hubiera costado sangre, moretones ni decisiones difíciles. Conocerás la verdad, la auténtica verdad que se esconde tras los titulares. La verdad es que llegaste tarde a escuchar a tus hijos y casi lo pagaste con su confianza. La verdad es que Lucía no fue un milagro por ser perfecta, sino porque se mantuvo amable en un mundo que intentó hacerla dura. La verdad es que Carla no lo "perdió todo" porque la castigaste, sino porque su propia crueldad finalmente tuvo testigos. Y la mayor verdad de todas es esta: un hogar no se hace de muros de piedra y riqueza, se hace de quién está a salvo en él. Cada vez que oyes reír a tus hijos en el jardín, recuerdas el día que llegaste temprano a casa, listo para la guerra, y en cambio encontraste la vida. No olvidas esa lección, nunca. Porque el día que casi te desmayas no fue el día que viste la traición. Fue el día en que te diste cuenta que todavía tenías la oportunidad de convertirte en el padre que tus hijos merecían.
EL FIN