Luego becas, terapias y programas para hermanos que nadie quería separar.
Cada inauguración le recordaba aquel cuarto vacío.
Aquel árbol de jacaranda.
Aquel insulto que casi la convenció de que no servía.
Alejandro quiso un heredero para repetir su nombre.
Mariana crió 4 hijos que cambiaron el destino de cientos.
Y cuando alguien le preguntaba si le dolía no haber tenido el legado que él exigía, ella sonreía, miraba a su familia, miraba a los niños corriendo libres por el patio y pensaba que nunca fue una mujer rota.
Fue la tierra donde por fin pudo crecer un bosque.
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