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El maestro que nunca se casó adoptó a su alumno abandonado con una pierna amputada. Veinte años después, el muchacho conmovió a millones de personas…

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Ese fue el inicio.

Miguel empezó a trabajar con organizaciones educativas.

Viajó por distintas regiones de México ayudando a adaptar escuelas públicas para estudiantes con discapacidad.

Rampas.

Material didáctico.

Programas de inclusión.

Pero lo que realmente conmovía a la gente no era su trabajo técnico.

Era su historia.

El niño que había dormido en la calle.

El adolescente con una pierna amputada.

El estudiante que se convirtió en educador.

La historia comenzó a circular en redes sociales.

Luego en periódicos.

Después en televisión.

Un día, veinte años después de aquella noche de lluvia en la escuela de Iztapalapa, Miguel recibió una llamada inesperada.

—Buenas tardes, ¿hablo con el profesor Miguel Ramírez?

—Sí.

—Lo llamamos de una cadena nacional de televisión. Nos gustaría invitarlo a un programa especial sobre educación y superación personal.

Miguel dudó.

No le gustaba la exposición.

Pero aceptó.

Con una condición.

—Quiero que inviten a alguien más.

—¿A quién?

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