preguntó en voz baja.
Aria asintió.
—Sí.
Alejandro miró lentamente hacia Lena.
Una mezcla de incredulidad y vergüenza cruzó su rostro.
—Lena… —dijo finalmente—. Vuelva aquí, por favor.
Lena se acercó con cautela.
No entendía nada.
Alejandro respiró profundamente.
—Hace tres días alguien de seguridad me entregó un informe.
Sacó un sobre del bolsillo.
—Decía que usted estaba filtrando información sobre mi familia.
Lena abrió los ojos con horror.
—¿Qué?
—Un investigador privado aseguró que había estado hablando con periodistas.
—Eso es imposible.
—Eso pensé al principio —continuó Alejandro—. Pero las pruebas parecían convincentes.
Lena sacudió la cabeza.
—Nunca haría algo así.
—Lo sé ahora.
—¿Qué cambió?
Alejandro miró a su hija.
Aria habló antes que él.
—Porque yo vi quién lo hizo.
Todos quedaron en silencio.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Alejandro.
Aria señaló hacia la casa.
—El señor Victor.
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