La temperatura corporal central también juega un papel fundamental. Si no se estabiliza correctamente, el sueño se vuelve menos profundo y eres más propenso a los microdespertares. El más mínimo cambio —un edredón demasiado cálido, un pijama demasiado grueso— a veces es suficiente para despertarte.
Cuando el estrés se cuela en tus noches

Ah, el famoso despertarse a las dos de la madrugada… ¡Es más común de lo que crees! A esta hora, nuestro sistema nervioso está especialmente receptivo. Las emociones reprimidas durante el día resurgen, como burbujas que suben a la superficie. No es nada anormal: es tu cerebro organizándose, procesándose y tranquilizándote.
Pero si la carga mental se vuelve demasiado pesada —una tarea pendiente, una conversación desagradable, una lista interminable de cosas por hacer— estos pensamientos pueden despertarte casi sin previo aviso. Puede que no te sientas estresado, pero tu mente sigue analizando.