
Las muestras de afecto estimulan las hormonas del bienestar y calman el sistema nervioso. Por el contrario, la falta prolongada de ternura puede aumentar el estrés, alterar el sueño e incrementar la ansiedad. Nos volvemos más defensivos, incluso sin comprender el motivo. El cuerpo anhela lo que el corazón intenta ignorar.
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Intentamos llenar el vacío… sin llenarlo por completo.
Trabajo, deporte, proyectos, lectura, redes sociales, salidas con amigos: todo esto es bueno y valioso. Pero nada reemplaza por completo una relación íntima auténtica, basada en la sinceridad y la aceptación de la vulnerabilidad. Podemos llenar nuestros días… y aun así sentir un vacío interior.
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Cuando la autoestima comienza a flaquear
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