Pasar mucho tiempo sin recibir afecto o un reconocimiento profundo puede generar dudas:
“¿Aún merezco ser amado?”
“¿Soy deseable, interesante, suficiente?”
Estos pensamientos no reflejan nuestro verdadero valor, pero pueden debilitar la autoestima si permitimos que se arraiguen sin cuestionarlos.
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El corazón se adapta… pero a veces cerrándose sobre sí mismo.
Aprendemos a “vivir sin”, a centrarnos en otras fuentes de alegría. Es una maravillosa capacidad de adaptación. Pero la desventaja es que algunos terminan construyendo muros alrededor de sus corazones: menos esperanza, menos expectativas, menos apertura. ¿El precio a pagar? Una mayor dificultad para dejar entrar a alguien nuevo.
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La verdadera intimidad va mucho más allá de lo físico.
Estar cerca de alguien también significa:
- Ríanse de cosas que solo ustedes dos entienden,
- para sentirse seguro con solo una mirada,
- poder decir “No estoy bien” sin miedo a ser juzgado
- Caminando uno al lado del otro en silencio, sin vergüenza.
Son estas pequeñas cosas las que crean un gran todo.
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Cada una tiene su propio ritmo… pero el deseo permanece
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