A lo largo de la Biblia, tres términos suelen confundirse: hebreos, israelitas y judíos. Si bien todos se refieren al mismo pueblo, describen distintas etapas de su historia y tienen significados diferentes.
Comprender estas diferencias ayuda a aclarar muchos pasajes bíblicos y ofrece una visión más clara de cómo evolucionó el pueblo de Dios a lo largo del tiempo.

Hebreos: el principio
El término “hebreo” es el más antiguo y se vincula por primera vez con Abraham.
Proviene de la palabra Ivri, que significa “el que cruza” o “del otro lado”. Esto refleja el viaje de Abraham cuando dejó su tierra natal y cruzó el Éufrates en respuesta al llamado de Dios.
Ser hebreo no era solo cuestión de ascendencia, sino que describía una forma de vida:
- Un extranjero o viajero
- Sin una patria permanente
- Vivir por fe y por las promesas de Dios
Esta identidad se transmitió a través de sus descendientes: Isaac, Jacob y José. Incluso en Egipto, se les llamaba hebreos, especialmente cuando vivían como extranjeros y, posteriormente, como esclavos.
En resumen, “hebreo” se refiere al origen y la identidad nómada del pueblo.