Cada invierno, mientras la naturaleza parece dormitar, una pequeña planta tropical invade nuestros hogares, adornada con mil colores. Roja, rosa, blanca o naranja, el cactus de Navidad (Schlumbergera truncata) transforma nuestros alféizares en auténticos jardines colgantes. Pero, ¿cómo logra este cactus brasileño florecer cuando todo lo demás está inactivo? Y, sobre todo, ¿cómo conseguimos que vuelva a florecer año tras año?
Una planta tropical que prefiere temperaturas suaves.

A pesar de su nombre, ¡el cactus de Navidad no se parece en nada a un cactus del desierto! Originario de las selvas tropicales de Brasil, crece silvestre en los troncos de los árboles, en zonas con poca luz y aire húmedo. Sus tallos verdes, articulados y sin espinas, caen con gracia y se cubren de flores tubulares entre noviembre y febrero, ¡justo a tiempo para las fiestas!
Es una planta con un “ciclo inverso”: florece en invierno, cuando los días son cortos, un verdadero símbolo de renovación .