Solemos pensar que las grandes muestras de amor se parecen a ramos de flores o declaraciones espectaculares.
Sin embargo, a veces son los momentos más cotidianos los que tienen un impacto más profundo.
Este ocurrió un día cualquiera, entre los pasillos del supermercado y una lista de la compra un poco larga… y cambió por completo mi perspectiva sobre mi relación.
Cuando me casé, no me hacía ilusiones sobre la división del trabajo.
Como muchos, había aceptado la idea de que ciertas cosas me correspondían de forma natural, sin que yo siquiera lo pensara.
No era un reproche ni un drama, solo una costumbre silenciosa.