Banco Nacional. Depósito recibido. SPEI – RAFAEL G.
A veces lloro. Claro que lloro. La soledad cala, sobre todo en las noches de lluvia. Extraño su calor en la cama. Extraño sus ronquidos.
Pero ya no es un llanto amargo. Es un llanto dulce. Porque sé la verdad.
Sé que aquel día, bajo los tabachines, cuando me dio la tarjeta de 3,000 pesos y me dio la espalda, no me estaba abandonando. Me estaba salvando.
Fue el acto de amor más grande y más doloroso que alguien ha hecho por mí.
Y cada vez que uso esa tarjeta para comprarme un helado, para pagar la luz, o para comprarle croquetas al perro Rafa, miro al cielo y digo:
—Gracias, viejo. Invitas tú.
Tengo 65 años. Me divorcié hace 5 años. Mi exesposo me dejó una tarjeta con 3,000 pesos.
Pensé que era el precio de mi abandono. Resultó ser la llave de mi libertad y la prueba de un amor eterno.
Nunca estuve sola. Fui amada… hasta el final.
FIN.
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