ANUNCIO

Un anciano recogió una cama vieja tirada en la basura pensando venderla por unas cuantas monedas. Pero cuando la partió en dos, lo que encontró dentro lo hizo caer al suelo llorando.

ANUNCIO
ANUNCIO

La hoja cayó otra vez.

Esta vez Don Manuel no intentó atraparla.

Sus piernas se doblaron.

Cayó de rodillas en el suelo frío del patio.

Las lágrimas comenzaron a correr sin que pudiera detenerlas.

Porque ahora recordaba algo más.

Aquella última noche.

La noche en que Javier había vuelto al taller, muy tarde.

Estaba nervioso.

Miraba hacia la calle cada pocos segundos.

—Manuel… si algo nos pasa… —había dicho.

El viejo había levantado la mano para interrumpirlo.

—No diga tonterías, hombre.

Javier había dejado algo sobre la mesa.

Un pequeño juguete de madera que Manuel había tallado para la niña.

—Si un día ve a Valeria… entréguele esto.

Manuel había guardado el juguete en un cajón.

Con los años… lo olvidó.

Las lágrimas corrían ahora por su rostro arrugado.

—Dios mío… —susurró.

Veinte años.

Veinte años el secreto había estado escondido dentro de una cama.

Veinte años sin que él supiera.

El viejo levantó lentamente la fotografía otra vez.

La niña de las trenzas sonreía en la imagen.

Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»

ANUNCIO
ANUNCIO