Cada palabra ahora pesaba el doble.
Javier Morales.
El nombre despertaba algo en su memoria, algo enterrado muy profundo.
Don Manuel cerró los ojos.
Intentó recordar.
La imagen llegó despacio, como una fotografía vieja emergiendo del agua.
Un hombre joven. Alto. De sonrisa tranquila. Había venido a su taller muchos años atrás.
—¿Usted es el carpintero del barrio? —le había preguntado.
—Depende de quién pregunte —había respondido Manuel en tono de broma.
El hombre había reído.
—Necesito una cama fuerte. Muy fuerte.
Manuel recordó ahora aquel encargo.
Fue hacía casi veinte años.
La pareja había llegado una tarde. El hombre, Javier. La mujer, embarazada. El vientre redondo bajo su vestido sencillo.
Y con ellos venía una niña pequeña.
Trenzas largas.
Una muñeca de tela.
La misma niña de la fotografía.
El corazón de Don Manuel se apretó.
—Valeria… —murmuró.
Recordaba perfectamente el día en que terminaron la cama.
Javier había insistido en algo extraño.
—¿Podría hacer un compartimento oculto dentro del marco?
Don Manuel había levantado una ceja.
—¿Para qué?
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