Un sobre escondido detrás de los libros.
Tenía fotos de mamá… con el cabello más corto. Con ropa diferente.
Y una fecha reciente.
El rostro de Ricardo perdió todo color.
Elena respiraba con dificultad.
—Eso no significa nada —intentó decir él.
—También encontré un pasaporte —continuó el niño—.
Con otro nombre. Pero la foto era de mamá.
La tensión se volvió insoportable.
Las mujeres entendieron que aquello no era una simple elección infantil.
Era algo más oscuro.
—Explícate —
exigió Ricardo, pero ya no sonaba autoritario, sino acorralado.
Elena dio un paso al frente.
—Ya basta.
Todos la miraron.
—No iba a decir nada —confesó con voz baja—.
Me prometieron que nunca me acercaría.
Que sería mejor para él.
Que sería más seguro.
Ricardo cerró los ojos un segundo.
—No sabes lo que haces —susurró.
Pero el secreto ya se deshacía.
Elena levantó la manga lentamente.
La cicatriz era idéntica.
—No soy quien ustedes creen que soy —dijo—.
Pero tampoco soy una extraña.
Las cinco mujeres retrocedieron definitivamente.
El espectáculo dejó de ser atractivo.
—Mariana no murió —continuó Elena—.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»