No lo necesitaba.
Salieron bajo atenta mirada.
Akosua se desplomó contra las almohadas, temblando.
—Tengo miedo —susurró—. Todo está pasando demasiado rápido.
Kwame se volvió hacia ella y su voz se suavizó nuevamente.
"Lo sé."
Esta vez Akosua tomó su mano.
Lo tomó con cuidado, como si el momento fuera sagrado.
"No quería que un niño se viera envuelto en el caos", dijo. "No quería que lo usaran".
Kwame le apretó los dedos suavemente.
"No lo serán."
Las lágrimas corrieron por sus mejillas.
"Prométemelo."
—Lo prometo —dijo—. En todo lo que soy.