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Una criada pobre tuvo una aventura de una noche con su jefe multimillonario para pagar los gastos médicos de su hermano.

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Parecía diferente: sin arrogancia, sin control, solo verdad.

“Aduni”, dijo con voz clara, “te amo”.

Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.

—Sé que empecé mal —continuó—. Sé que te lastimé. Sé que intenté poseerte en lugar de amarte. Pero me cambiaste. Y no quiero una vida en la que no estés.

Cayó sobre una rodilla.

La habitación quedó en silencio.

—Cásate conmigo —dijo con los ojos brillantes—. No como un trato. No como un pago. Como una decisión. Como amor.

Aduni se tapó la boca, temblando. Durante tanto tiempo la habían tratado como algo que la gente podía comprar. Y ahora el hombre que una vez intentó comprarla estaba arrodillado, pidiendo con todo su corazón.

Ella asintió entre lágrimas. «Sí», susurró. Y más alto, para que la sala lo percibiera como una verdad. «Sí».

La sala estalló: risas, lágrimas, bendiciones. Jasper exhaló y apartó la mirada como si no tuviera los ojos húmedos. La Sra. Admi aplaudió como si hubiera estado conteniendo la respiración durante años.

Lawrence se quedó de pie y abrazó a Aduni con ternura, con ternura, como si fuera un tesoro, como si no la hubiera reclamado. Se acercó y susurró, casi con miedo de creerlo.

"¿Esto es real?"

Aduni sonrió entre lágrimas, con voz suave pero segura.

"Es real."

Y por primera vez, el beso que siguió no se sintió como posesión ni supervivencia. Se sintió como una decisión. Como libertad. Como una mujer subestimada, humillada, atrapada y perseguida, de pie al final de todo con la cabeza en alto, el corazón aún vivo y el amor esperando donde nunca pensó que podría.

Porque a veces la mayor venganza no es destruir a tus enemigos.

Se trata de sobrevivirlos... y aún así elegir una vida que valga la pena vivir.

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