Pero más que eso, me protegió con la verdad.
Me dio la oportunidad de ver quién me amaría cuando se cayera el brillo.
Y lo que aprendí, dolorosamente, fue esto:
El dinero no te cambia.
Revela a todos los demás.
Te muestra quién está a tu lado cuando estás roto y quién comienza a medirte para un ataúd.
Te muestra quién confunde amor con propiedad y quién ofrece bondad sin recibir un recibo.
Beverly, Howard y Crystal aparecieron cuando pensaban que no tenía nada.
Cameron se reveló cuando pensaba que no tenía nada.
Y aprendí la lección más humana de todas:
No se gana siendo cruel.
Ganas al volverte libre.
Libre para construir algo bueno.
Libre para honrar a las personas que amaste.
Libre para dejar de rogarle a los monstruos por un asiento en su mesa.
Porque si hay algo que sé ahora es esto:
Una casa no es mármol y césped perfecto.
Un hogar es el lugar donde tu dolor puede respirar.
Y donde tu futuro es bienvenido sin necesidad de demostrar su valor.
EL FIN.