Y al lado…un pan recién horneado.
—Mi madre quiere que lo comparta con ustedes.
Dice que ahora hay suficiente para los dos.
No pude contener las lágrimas.
Dos chicos de mundos opuestos…
unidos por una nota…
por un acto de dolor…
y por una decisión de cambiar.
Ese día entendí algo para siempre:
A veces no nacemos siendo buenas personas.
Pero siempre podemos elegir serlo.
Y sí...
Esta historia terminó bien.
Porque alguien leyó una nota.
Y decidió escucharla con el corazón.