Entonces, una noche, recibió una llamada.
La voz no me resultaba familiar, pero las palabras eran claras.
“Sabemos lo que han estado ocultando”.
El corazón de Jasmine dio un vuelco cuando la persona que llamó le dio la ubicación de un almacén en las afueras de la ciudad.
Eso era todo lo que necesitaba.
Con Marcus a su lado, corrió hacia la dirección. El peso del momento se apoderó de ella a medida que se acercaban.
Dentro, el almacén estaba tenuemente iluminado. Las cajas estaban apiladas en grandes cantidades.
Pero no estaban llenos de expedientes judiciales.
Estaban llenos de equipos: computadoras, dispositivos de grabación, discos duros.
No se trataba sólo de la custodia.
Era algo más grande.
—Esto es todo —dijo Marcus, con la voz tensa por la comprensión—. Han estado realizando operaciones: fraude, robo de identidad. Y la investigación no se trataba solo de ti, Jazz. Se trataba de encubrir todo lo demás.
Jasmine se quedó congelada mientras la magnitud del suceso se asentaba.
Se enfrentaba a algo mucho más insidioso de lo que jamás imaginó. Gente dispuesta a hacer lo que fuera para proteger sus secretos.
—Esto no es solo para los niños —dijo en voz baja, con una claridad oscura que agudizaba su voz—. Se trata de derribarlos.
De vuelta en el tribunal, la tensión era insoportable. La investigación oficial se había estancado, pero ahora, armada con esta nueva información, Jasmine sentía esperanza.
Las piezas finalmente estaban encajando.
La sala se volvió a llenar. Al entrar el juez, la determinación de Jasmine se fortaleció. La evidencia era irrefutable. Las mentiras quedarían expuestas.
Al otro lado de la sala, David y Simone estaban sentados con una postura que antes parecía segura, pero ahora temblaban.
Jasmine respiró profundamente.
Ella había luchado por sus hijos. Por ella misma.
Ahora ella lo terminaría.
La mañana de la audiencia final llegó con una calma inquietante, la calma que precede a la tormenta. Jasmine no había dormido mucho. Las pruebas la favorecían, pero sabía que la justicia avanzaba con lentitud y que había fuerzas dispuestas a retrasar o tergiversar la verdad.
Pero hoy ella no los dejaría.
El juzgado se alzaba ante ella, con sus frías paredes de piedra como un desagradable recordatorio de la batalla que había sobrevivido. Al pasar por el control de seguridad y recorrer el largo pasillo, se le aceleró el pulso.
Se oían voces murmurando dentro de la sala del tribunal.
Hoy se decidiría todo.
Jasmine entró y todas las miradas se volvieron hacia ella.
Ella no se inmutó. Enderezó los hombros y avanzó. Marcus se sentó detrás de ella, impasible, firme. Había visto su fuerza desde el principio, cómo el amor por sus hijos impulsaba la lucha.
David y Simone estaban sentados al otro lado de la sala, con los rostros tensos por la aprensión. Por primera vez, Jasmine vio una verdadera grieta en la fachada de David. El hombre que una vez creyó controlarlo todo ahora parecía más pequeño, desesperado por mantener su imperio intacto.
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