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Sin saber que su esposa era hija de un multimillonario, los documentos que presentó declararon que su amante era hija de gemelos.

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—Lo estás haciendo genial, Jazz —susurró Marcus—. Solo aguanta. Estamos un paso más cerca.

Jasmine asintió con la garganta.

El análisis forense. Las grabaciones de seguridad. Todo apuntaba a su favor.

Y aún así, esa sensación persistente permaneció.

No habían terminado

David y Simone estaban acorralados, pero las personas acorraladas eran peligrosas. Tenían todo que perder.

Las puertas de la sala se abrieron de par en par. Todos regresaron a sus asientos. Jasmine se enderezó, con el corazón latiéndole con fuerza.

El juez regresó, tranquilo pero atento, y convocó nuevamente al tribunal a sesión.

“Señora Brooks, ha presentado pruebas contundentes”, comenzó el juez con voz mesurada pero firme. “Sin embargo, aún estamos en las primeras etapas de este asunto. Ordeno una investigación forense inmediata de los documentos en cuestión. También revisaremos las grabaciones presentadas. Este caso procederá con base en estas conclusiones”.

A Jasmine se le cortó la respiración.

No había terminado.

Aún no.

Pero fue una apertura.

Una grieta en sus mentiras que ella podría ensanchar hasta que todo se derrumbara.

David y Simone intercambiaron miradas inquietas. Su lenguaje corporal lo decía a gritos: estaban perdiendo el control.

El juez se puso de pie, señalando un breve receso antes de la siguiente fase.

Jasmine también se puso de pie, con la mente acelerada. Marcus ya estaba hablando con su abogada, una mujer llamada Carol. Carol era perspicaz, experimentada; alguien en quien Jasmine confiaba plenamente.

—Todo pinta bien, Jazz —dijo Carol, tranquila y firme—. Pero tenemos que mantenernos concentrados. Todavía hay mucho en juego.

Jasmine asintió, apretando la mandíbula. "Lo sé. No puedo creer lo lejos que han llegado. Simone. David. Es como si lo hubieran planeado desde el principio".

Carol le dedicó una sonrisa tranquilizadora. «Te subestimaron. Y ahora van a aprender lo que pasa cuando te metes con el amor de una madre. Los atraparemos, Jazz. Te lo prometo».

El descanso fue breve. La sesión se reanudó.

El juez hojeaba el papeleo, con los ojos entrecerrados, concentrado. Jasmine se mantenía erguida, rígida pero decidida.

Ella ya no luchaba sola por sus hijos.

Ella estaba luchando por todas las mujeres que habían sido silenciadas.

—Procedamos —dijo el juez, con la voz interrumpiendo el silencio—. Sr. Brooks, ¿tiene algo más que añadir?

David se levantó lentamente. Algo en él había cambiado. Parecía nervioso. La confianza que había demostrado en el tribunal se estaba resquebrajando.

—No tengo nada más que decir, señoría —dijo David con voz temblorosa.

Simone también parecía inquieta. Por primera vez, la máscara se deslizó lo suficiente como para que Jasmine viera el miedo debajo.

“Señora Brooks”, dijo el juez, ahora con la mirada puesta en Jasmine, “se ha concedido su solicitud de investigación forense. Nos reuniremos de nuevo después de que se presenten los resultados. Espero la plena cooperación de ambas partes”.

“Este asunto está lejos de estar resuelto”.

El corazón de Jasmine latía con fuerza.

No la victoria inmediata que ella deseaba, sino el progreso.

Una verdadera victoria.

Al vaciarse la sala, la adrenalina se desvaneció y la realidad regresó. Estaba más cerca que nunca de recuperar a sus hijos, pero David y Simone no habían terminado.

Pelearían sucio.

Mientras salía con Marcus a su lado, la mente de Jasmine daba vueltas pensando en lo que vendría después.

—Paso a paso —dijo Marcus, como si le leyera el pensamiento—. Lo tienes todo bajo control, Jazz. Saldremos adelante.

Jazmín asintió.

Ella era una luchadora.

No importaba cuantas veces intentaran derribarla, ella se levantaría.

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