Tanto en la cocina como en el baño, las tuberías se someten a prueba a diario. Restos de comida, jabón, cabello o restos de grasa pueden acumularse gradualmente en su interior.
Al principio, nada alarmante: el agua fluye con normalidad. Pero con el tiempo, estas acumulaciones acaban formando una capa pegajosa que ralentiza el flujo y puede provocar olores desagradables.
Como consecuencia, el desagüe del fregadero se ralentiza y las tuberías requieren un mantenimiento más frecuente. Sin embargo, antes de recurrir a reparaciones costosas, existen algunos pasos sencillos que puede seguir para que sigan funcionando correctamente.