Soy abogada. Estoy investigando un caso relacionado con la familia Fuentes.
Creo que su hijo Martín puede ayudarme. Los ojos de consuelo se llenaron de lágrimas.
Mi hijo desapareció hace 5 años. La policía nunca lo buscó.
Me dijeron que probablemente se había ido a otro país por trabajo, pero yo sé que algo le pasó. Martín nunca me habría abandonado. Tuvo contacto con él antes de su desaparición.
Consuelo dudó un momento. Luego entró a su casa y regresó con una carta arrugada. Esto llegó tres días antes de que desapareciera. Léala usted misma. Dolores tomó la carta con manos temblorosas.
Mamá, si algo me pasa, quiero que sepas que vi algo terrible en la casa donde trabajo, algo que involucra a personas muy poderosas.
No puedo decir más por carta, pero guardo pruebas en un lugar seguro. Si alguien te pregunta, “No sabes nada. Te quiero.”
Tu hijo Martín, ¿dónde guardaba las pruebas?, preguntó Dolores. No lo sé, pero si Martín dice que las tiene, las tiene.
Mi hijo nunca mentía. Dolores miró la casa modesta, el patio vacío, el árbol de mango. Martín Reyes había visto algo esa noche. Tenía pruebas y alguien lo había hecho desaparecer por eso la pregunta era, ¿seguía vivo?
En un restaurante exclusivo del centro de la ciudad, Gonzalo Fuentes y el juez Aurelio Sánchez cenaban en un reservado privado.
La tensión era palpable. Esa abogada está haciendo demasiadas preguntas”, dijo Aurelio mientras cortaba su filete.
Visitó la prisión, habló con el director, estuvo en el hogar donde tienen a la niña y ahora sé que fue a San Jerónimo. Gonzalo dejó de comer. San Jerónimo, ¿por qué iría ahí?
Ahí vive la madre del jardinero, el que desapareció. Martín está muerto.
Nos aseguramos de eso. ¿Estás seguro? Nunca encontramos el cuerpo. ¿Y si habló antes de que lo alcanzáramos?
¿Y si dejó algo que pueda incriminarnos? Gonzalo sintió un sudor frío recorrer su espalda. ¿Qué sugieres? La ejecución de tu hermano es en 48 horas.
Una vez que eso suceda, el caso se cierra para siempre. Nadie va a reabrir una investigación por un hombre ya ejecutado. Necesitamos que esas 48 horas pasen sin problemas.
Y la abogada Aurelio tomó un sorbo de vino.
Tiene 68 años y problemas del corazón. Los accidentes pasan. La gente mayor se cae. Olvida tomar sus medicinas.
Tiene emergencias en medio de la noche. ¿Estás sugiriendo? No estoy sugiriendo nada. Estoy diciendo que tienes 48 horas para resolver este problema.
Como lo resuelvas es tu asunto. Pero si esa mujer presenta algo ante un tribunal antes de la ejecución, caeremos los dos.
Gonzalo asintió lentamente. Había llegado demasiado lejos para detenerse ahora. Una muerte más no cambiaría nada, solo aseguraría su futuro.
Dolores llegó a su casa exhausta. El viaje a San Jerónimo la había agotado, pero lo que descubrió valía cada kilómetro.
Martín Reyes era la clave. Tenía pruebas, solo necesitaba encontrarlo. Revisó su correo antes de entrar. Entre facturas y publicidad había un paquete sin remitente, un sobre acolchado, pesado.
Lo abrió con cuidado. Dentro había un dibujo. Un dibujo hecho con crayones, claramente por la mano de un niño muy pequeño.
Mostraba una casa, una figura acostada en el suelo y un hombre de pie junto a ella.
El hombre tenía una camisa azul. En la parte inferior alguien había escrito una. Fecha, 5 años atrás, tr días después de la muerte de Sara.
Dolores volteó el dibujo. Detrás había un mensaje escrito con letra de adulto. Si alguien ve esto, ya es demasiado tarde, pero si aún hay tiempo, sigue buscando.
La verdad está más cerca de lo que creen. Mr. Mr. Martín Reyes. D
olores sintió que el corazón le latía con fuerza.
Martín estaba vivo. Había guardado este dibujo durante 5 años esperando el momento correcto y ahora, con la ejecución a días de distancia había decidido actuar.
Pero, ¿por qué enviar un dibujo de una niña? ¿Qué trataba de decir?
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»