Respondió Dolores. Significa que el sistema que debía protegerlo fue corrompido desde adentro.
Significa que necesitamos actuar ahora. La jueza Torres escuchó el testimonio de Sara, luego el de Martín.
Examinó el dibujo de Salomé con el análisis de la psicóloga forense. Revisó los registros de las transacciones inmobiliarias entre Gonzalo y Aurelio.
Finalmente habló. Las pruebas presentadas son suficientes para ordenar la suspensión inmediata de la ejecución y la reapertura del caso Fuentes.
Emito orden de arresto contra Aurelio Sánchez por conspiración, obstrucción de la justicia y complicidad en intento de homicidio.
Que se notifique a la penitenciaría inmediatamente. Dolores sintió que las piernas le temblaban. lo habían logrado.
Aurelio Sánchez supo que algo había salido mal cuando cuatro agentes judiciales llegaron a su despacho. “Wés Sánchez tiene que acompañarnos”, dijo el agente a cargo.
“¿Bajo qué cargos? Esto es ridículo.
¿Saben quién soy? Lo sabemos perfectamente, señor. Por eso estamos aquí.” Aurelio intentó negociar. ofreció información sobre otros funcionarios corruptos.
Prometió entregar documentos que hundirían a senadores, gobernadores, empresarios, pero los agentes tenían órdenes específicas sin negociaciones. Mientras lo esposaban, Aurelio hizo una última llamada desde su teléfono personal.
Nadie supo a quién llamó ni qué dijo, pero 30 minutos después su oficina fue asaltada por personas desconocidas que trataron de llevarse su caja fuerte.
La policía llegó a tiempo de detenerlos. Dentro de la caja fuerte encontraron lo que Aurelio llamaba su seguro de vida.
Décadas de corrupción documentada, videos de políticos recibiendo sobornos, grabaciones de jueces vendiendo sentencias, contratos fraudulentos firmados por empresarios prominentes.
Aurelio había construido un imperio de secretos, pero ese imperio ahora se derrumbaba sobre él.
En la penitenciaría, el coronel Méndez recibió la notificación judicial con una mezcla de alivio y rabia.
“Lo sabía”, murmuró. “Sabía que ese hombre era inocente.
Ordenó que trajeran a Ramiro Fuentes a su oficina. Tenía noticias que darle. Noticias que cambiarían todo.” Gonzalo Fuentes estaba en su celda cuando el guardia le trajo la noticia.
Sara estaba viva. Había testificado en su contra. Las grabaciones de aquella noche estaban ahora en manos del tribunal.
El color abandonó su rostro. No es posible, susurró. Ella estaba muerta. Yo me aseguré. Pero no se había asegurado.
Había sido descuidado. Había dejado a su víctima sin confirmar que ya no respirara.
Y ese error le costaría la libertad. Sus abogados llegaron una hora después con opciones limitadas. “Las pruebas son contundentes”, dijeron.
“Tu mejor estrategia es cooperar, dar información a cambio de una reducción de condena.” Información sobre ¿qué?
Sobre Aurelio, sobre la red de corrupción, sobre todo lo que sabes. Gonzalo lo pensó. Había pasado 5 años sintiendo seguro, protegido por el poder de Aurelio.
Ahora ese poder se había evaporado. Aurelio estaba arrestado. El imperio de secretos se derrumbaba. Quiero inmunidad total.
No habrá inmunidad, pero podemos negociar 30 años en lugar de cadena perpetuas y coperas completamente.
Gonzalo cerró los ojos. Pensó en todo lo que había hecho, en su hermano, a quien había traicionado, en Sara, a quien había tratado de silenciar.
En Salomé, la niña que lo había visto todo y había guardado silencio durante 5 años por miedo. El miedo, esa había sido su arma y ahora se volvía contra él.
Cooperaré, dijo finalmente, pero quiero protección. Aurelio tiene aliados que me eliminarán si hablo.
Los abogados asintieron. La caída de Gonzalo Fuentes había comenzado.
Las puertas de la penitenciaría se abrieron a las 3 de la tarde. El sol brillaba con una intensidad que parecía irreal después de 5 años de paredes grises y luces artificiales.
Continúa leyendo con «SIGUIENTE »»»