Seguramente lo has visto antes, sin darte cuenta. Ese pequeño agujero casi invisible bajo tu candado intriga... o pasa completamente desapercibido. Sin embargo, tras esta discreción se esconde una idea ingeniosa. ¿Para qué podría servir esta misteriosa abertura? ¿Es un simple detalle de fabricación o una auténtica ventaja para el día a día? Antes de asumir que es puramente estético, tómate un momento para mirar tu candado de otra manera... puede que te sorprendas.
¿Por qué los candados sufren la humedad diaria?
Ya sea para asegurar una bicicleta, una puerta o un cobertizo de jardín, un candado suele estar en el exterior. Y estar al aire libre implica lluvia, humedad, rocío matutino y fluctuaciones de temperatura. Con el tiempo, el agua se filtra en el mecanismo. Una vez atrapada, no se evapora fácilmente. Como resultado, el metal se deteriora, las piezas internas se obstruyen y el candado se vuelve cada vez más difícil de usar. Se intenta un poco, luego más... hasta que un día el candado se niega obstinadamente a abrirse.