De versiones de mí… que ya no existían.
Pasé por la sala.
Todo seguía igual.
Los muebles.
Las fotos.
Las costumbres.
Pero yo… ya no era la misma.
Me detuve frente a una foto familiar.
Ahí estábamos todos.
Sonriendo.
Como si fuéramos felices.
Toqué el vidrio con la punta de los dedos.
Y solté una pequeña risa.
No amarga.
No triste.
Solo… real.
“Ya entendí tarde,” susurré.
Pero entendí.
Y eso bastaba.
Cuando amaneció, la casa aún dormía.
Me puse los zapatos despacio.
Tomé la maleta.
Abrí la puerta.
Y antes de salir… miré una última vez.
No esperando que alguien me detuviera.
Sino para asegurarme… de que realmente quería irme.
Y sí.
Quería.
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