Vega empujó la puerta con fuerza. Entró. Los policías detrás. Yo entre al último. La escena quedó congelada por un segundo. Beatriz estaba cerca de la cama sosteniendo un fajo de billetes. Andrés seguía cerca de la puerta, los dos con cara de shock absoluto. Policía. Vega le enseñó su placa. Nadie se moverá. Andrés intentó correr. Fue sometido de inmediato por dos policías, derribado al suelo, esposado en segundos. Beatriz soltó el dinero, se llevó las manos a la boca con los ojos pelones.
¿Qué? ¿Qué está pasando? Yo no hice nada. ¿Por qué están aquí? Queda usted arrestada, dijo Vega tranquilamente por intento de homicidio, fraude al seguro, falsificación de documentos y lavado de dinero. Eso es un absurdo. No pueden hacer eso. Soy una viuda. Mi esposo murió. Pregúntenle a quien sea. Hay acta de defunción. Está todo registrado. De verdad, dijo una voz. Mi voz. Di un paso al frente. Me quité la gorra. Me quité las lentes oscuras. Beatriz me vio y su mundo se le vino abajo.
No susurró. No puede ser. Hola Beatriz. Dije con voz firme a pesar de estar temblando por dentro. ¿Te sorprende verme? Ella retrocedió tambaleándose. Se sentó en la orilla de la cama, blanca como papel, con los ojos fijos en mí, como si estuviera viendo a un fantasma, y de alguna manera lo estaba haciendo. Tú, tú estás, pero ¿cómo? Muerto, completo. Era lo que querías, ¿no? Que me muriera en esa carretera, que el coche explotara conmigo adentro, que te quedaras con todo, con la casa, con el dinero, con la libertad para vivir con tu amante.
No, Ricardo, no, no entiendes. No entiendo qué. Mi voz subió. Toda la rabia que llevaba guardando estalló. No entiendo que mi propia esposa planeó matarme, que contrató a su amante para golpearme, que me aventó en un coche y le prendió fuego, que luego hizo un funeral falso y fingio llorar. Yo no fue Andrés, fue idea de él. Yo no quería. Mentirosa! Gritó Andrés desde el suelo esposado. Fue tu idea. Tú planeas cada detalle. Yo solo hice el jale.
Beatriz lo miró con odio. Cállate, idiota. Acabas de confesar todo. Vega irritante. Y los dos fueron grabados, cada palabra, cada confesión, incluyendo la parte donde dijiste que yo merecía morir porque era un mal esposo. Beatriz escondió la cara entre sus manos, empezó a llorar, pero no eran lágrimas de arrepentimiento, eran de rabia, de frustración. porque había perdido. Beatriz Morales y Andrés Castillo dijeron Vega formalmente, quedan arrestados. Tienen derecho a guardar silencio. Todo lo que digan puede y será usado en su contra.
Los policías levantaron a Andrés del suelo. Otro policía encontró a Beatriz. Ella seguía llorando, gritando. Decía que era una injusticia, que ella era la víctima, pero nadie la escuchaba. Cuando la sacaron del cuarto, pasó junto a mí. Se detuvo. Me miró a los ojos. Y por primera vez vi algo real en esa mirada. Odio. Te deberías haber muerto, susurró. Pero no lo hice y ahora vas a pagar por todo. Se la llevaron a Andrés también. El cuarto quedó vacío.
Solo yo, Vega y el licenciado Alberto. Mis piernas fallaron. Me senté en la cama, me puse la cabeza entre las manos y por primera vez en días lloré no de tristeza, de alivio. Finalmente había terminado. El licenciado Alberto me puso la mano en el hombro. Fuiste muy valiente, Ricardo, muy fuerte. Ahora la justicia hará su trabajo. Vega se sentó a mi lado. Vamos a necesitar tu declaración formal y necesitaremos un peritaje médico completo, documentar cada herida, armar el caso.
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