Un mensaje que lo cambia todo
El mensaje procedía de Alix, la entrenadora deportiva del gimnasio de la empresa de Nicolás.
“Cariño, tengo muchísimas ganas de que llegue nuestro fin de semana en el hotel junto al lago.”
Pauline permaneció inmóvil en la cocina.
Unos segundos después, entró Nicolás, con el pelo aún húmedo por la ducha.
Cuando ella le preguntó qué significaba el mensaje, él no lo negó.
De lo contrario.
Simplemente respondió que ahora estaba con Alix y que quería “elegir su propia felicidad”.
Dieciséis años de matrimonio, seis hijos y una vida construida juntos… arrasados por unas pocas frases frías.
Una noche difícil
Nicolás subió a su habitación, cogió la maleta que ya había preparado y salió de la casa.
Pauline no gritó. No le rogó que se quedara.
Simplemente se quedó junto a la ventana, observando cómo las luces traseras de su coche desaparecían calle abajo.
Luego cerró la puerta con llave.
A la mañana siguiente, la realidad la esperaba: seis hijos a los que preparar para ir al colegio, loncheras que preparar y preguntas cuyas respuestas aún desconocía.
Su hija menor le preguntó inocentemente:
“¿Papá está haciendo panqueques esta mañana?”
Se le encogió el corazón.