—Viviana, no lo pongas así.
—¿Cómo lo pongo entonces? ¿Como generosidad? ¿Como amor familiar? Ustedes eligieron a Camila. Eligieron su embarazo, su boda, su mentira bonita. Me están ofreciendo dinero para que no estorbe.
Mi padre duró la voz.
—También estás obteniendo lo que quieres: Sofía contigo, sin conflictos.
Miré a Ricardo. Por fin levantó los ojos.
— ¿De verdad vas a renunciar a tu hija?
Él tragó saliva.
—Es lo mejor. Para todos.
No. Era lo mejor para él. Para no pagar pensión. Para empezar otra vida sin el recordatorio de la niña que dejaba atrás.
Tomé la pluma.
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