Años después, cuando mi prometido Thomas me propuso matrimonio, inmediatamente recordé aquella promesa.
Unos meses antes de la boda, recuperé el vestido del armario de mi abuela. La tela conservaba su elegancia y aún desprendía un ligero aroma familiar.
Sentada a la mesa de la cocina con mi costurero, comencé a hacer los arreglos. Mientras trabajaba en el forro del corpiño, noté un pequeño bulto inusual debajo de la costura.
Intrigado, descosí la tela con cuidado.
En su interior había un pequeño bolsillo secreto.
Y en ese bolsillo… una carta doblada.