Don Raúl no dejó millones.
Dejó un hijo.
Dejó una historia.
Dejó una comunidad que entendió que la familia no siempre se hereda… a veces se elige.
Y cada vez que mi hijo corre por el patio, sé que la verdadera herencia no fue la propiedad.
Fue el ejemplo de un hombre que, incluso al final de su vida, tuvo el valor de amar sin miedo.
Y eso… no hay juicio que lo quite.
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