
Pero la historia del higo no termina con una simple burla. En algunas tradiciones antiguas de Europa del Este, particularmente en la Rusia pagana, este gesto se consideraba una señal de protección.
El puño cerrado simbolizaba la fuerza interior. El pulgar doblado actuaba como un discreto talismán. Se creía que este gesto podía alejar las energías negativas y proteger a quien lo realizaba.
Al igual que nuestros pequeños rituales modernos —tocar madera o cruzar los dedos—, el higo representaba una forma reconfortante de recuperar el control ante la incertidumbre. Un gesto pequeño, pero cargado de intención.