Regresó apresuradamente bajo la lluvia. Desde la ventana, la vi llegar hasta un viejo Mustang oxidado bajo la farola. El motor no arrancaba. Entonces apoyó la frente en el volante, y cuando sus hombros comenzaron a temblar, supe que no se trataba solo de una mala noche.
Fue una vida dura.
Tomé mis llaves, pero antes de llegar hasta ella, el motor finalmente arrancó. Se secó la cara, dio marcha atrás demasiado rápido y desapareció bajo la lluvia.
Me quedé allí de pie con comida fría en la mano y veinte años de recuerdos en el pecho.
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