
Los tréboles de cuatro hojas suelen asociarse con la buena suerte, como un amuleto capaz de cambiar el rumbo del día. Pero en realidad, esta prueba no tiene que ver con la suerte.
Más bien, demuestra que lo que llamamos suerte suele estar vinculado a nuestra forma de ver las cosas, a detectar oportunidades, a confiar en nuestra intuición o a tomar decisiones en el momento adecuado.
Dos personas pueden vivir la misma situación y obtener resultados muy diferentes, simplemente porque no ven las cosas de la misma manera.
En definitiva, la verdadera pregunta quizás no sea “¿tengo suerte?”, sino más bien “¿cómo veo el mundo y cómo tomo mis decisiones?”.
¿Y si la suerte fuera simplemente una cuestión de perspectiva ante la vida ?
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