Mateo leyó el mensaje por segunda vez y levantó la vista hacia su esposa.
—Clara… —murmuró, sin moverse de su sitio—. ¿Ganaste?
Las lágrimas de Clara brotaron con fuerza, esta vez cargadas de una culpa abrumadora.
—Sí.
La palabra cayó como 1 bloque de cemento. Mateo parpadeó.
—¿Cuánto?
Clara tragó saliva.
—200 millones.
El rostro del técnico perdió todo el color. Durante 5 largos segundos no dijo 1 sola palabra. Y esos 5 segundos fueron más largos que toda la vida de Clara. Finalmente, se apoyó en la barra de azulejo despostillado y soltó 1 risa nerviosa.
—Bueno… supongo que mañana podemos comprar 1 salsa que no esté al 2 por 1.
Clara se cubrió el rostro con las manos.
—¿No estás furioso conmigo?
Mateo la miró con 1 tristeza profunda.
—Estoy asustado. Estoy confundido. Y sí, me ofende bastante que sintieras que necesitabas ponerme a prueba. Pero enojado por los billetes, no. Clara, ese dinero no me hizo amarte hace 15 minutos, y no va a hacer que te deje de amar ahora. Solo dime 1 cosa: ¿lo hiciste porque desconfiabas de mí, o porque le tenías pánico a mi familia?
No hubo necesidad de responder.
En ese preciso instante, unos golpes violentos retumbaron en la puerta principal. No eran toques de visita; era la exigencia de quienes sentían que eran dueños del lugar.
—¡Mateo! —gritó Ximena desde la calle—. ¡Abre la puerta! ¡Sabemos que están ahí adentro!
La voz de Roberto la secundó desde la banqueta:
—¡No pueden esconderle 200 millones a la propia sangre!
Mateo se quedó quieto. Luego tomó su anillo de la mano de Clara, se lo volvió a poner en el dedo y caminó con decisión hacia la entrada.
—No les abras —suplicó Clara.
Él la miró por encima del hombro.
—Hoy voy a hacer algo que debí hacer hace años.
Al abrir, Ximena entró empujando, impecablemente arreglada. Detrás de ella venía Roberto, aferrando 1 carpeta negra. Ni siquiera habían tenido la decencia de esperar 1 noche.
—Clara, cariño, qué bendición tan grande —dijo Ximena con hipocresía—. ¿Pensabas huir a la playa mientras la familia que te sacó de la miseria sigue sufriendo?
—Mi familia vive en esta casa —atajó Mateo en seco.
Ignorándolo, Roberto arrojó la carpeta sobre la pequeña mesa, casi tirando los fideos de oferta.
—A ver, cuñados, no queremos pelear. Solo queremos ayudar a multiplicar eso. Tengo 3 desarrollos en preventa. Si me invierten unos 20 millones hoy, en 18 meses podrían duplicar el capital…
Mateo cerró la carpeta de 1 fuerte manotazo.
—No.
La sonrisa fingida de Roberto se borró.
—Perdón, ¿qué dijiste?
—Dije que no.
Ximena cruzó los brazos, mostrando por fin sus verdaderas garras.
—Ay, Mateo, no seas ridículo. Clara entró a esta familia sin 1 solo peso. Era 1 triste recepcionista endeudada. Tú le diste 1 techo y le diste 1 apellido. Nos deben esto.
La humillación histórica quiso asfixiar a Clara, pero antes de que ella agachara la cabeza, Mateo dio 1 paso al frente con 1 furia helada.
—Lárguense de mi casa.
Ximena se quedó atónita.
—¿Me estás corriendo por ella?
—Te estoy corriendo por ti.
Roberto levantó las manos, destilando veneno:
—Piénsalo bien, Mateo. Sin nosotros, ese dinero los va a destruir. Las esposas cambian cuando hay billetes. Hoy llora contigo, pero mañana contrata 1 bufete de abogados y te deja en la calle.
Entonces, Mateo hizo algo que dejó a todos sin palabras. Sacó su celular, lo apoyó contra el salero de la mesa y empezó a grabar la escena.
—Repite eso. Repite que viniste a mi casa sin invitación, con 1 carpeta de negocios basura, a presionar a mi esposa basándote en chismes de vecindario.
El rostro de Ximena palideció por completo.
—Apaga eso, Mateo.
—1 paso más y llamo a la patrulla por intento de extorsión —amenazó él.
Ximena soltó 1 risa venenosa.
—¿A la policía? ¿Contra tu propia hermana?
—Contra cualquiera que venga a amenazar a mi esposa.
Justo en ese momento de máxima tensión, el teléfono de Clara vibró. Era su abogada financiera, la licenciada Villarreal. Clara contestó en altavoz con las manos temblorosas.
—Clara —dijo la voz profesional e imperativa de la abogada—, necesito que salgas de esa casa ahora mismo o llames a las autoridades. Roberto Garza acaba de intentar ingresar 1 reclamo legal falso argumentando que él compró el boleto a medias contigo.
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