En los dormitorios aparecen cunas. Los biberones se calientan en la estufa.
El jardín está cubierto de ropa tendida al sol.
Richard aprende todo en el trabajo: cómo calmar a un bebé inquieto, preparar comidas, trenzar el cabello y reconocer cada sonrisa.
Porque muy rápidamente, las nueve chicas desarrollan sus propias personalidades.
Algunos ríen a carcajadas.
Otros observan el mundo con calma.
Otros, en cambio, rebosan energía.
En este torbellino de alegría, una cosa queda clara: este hogar se mantiene unido gracias a una fuerza simple pero poderosa, el amor incondicional que cada persona siente por las demás.
Cuando los años revelan la verdadera riqueza
Los años pasan muy rápido.
Las niñas se convierten en adolescentes y luego en mujeres jóvenes.
La casa, antaño llena de juguetes y risas, se va vaciando gradualmente a medida que se marchan para construir su futuro.
Maestras, creativas, profesionales comprometidas o madres, cada una forja su propio camino sin dejar de estar profundamente unida a esta singular familia.
Luego llega un momento simbólico.
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