Las cortinas del escenario comenzaron a abrirse lentamente…
Un haz de luz cayó sobre Mara.
El murmullo explotó en el salón como una ola. Ejecutivos se pusieron de pie. Algunos palidecieron al reconocerla. Otros se miraron confundidos. Leo sintió que el mundo se le hundía bajo los pies.
—Es imposible… —susurró, retrocediendo un paso.
Mara avanzó lentamente en su silla de ruedas hasta el centro del escenario. Su vestido rojo parecía arder bajo las luces. Su mirada era firme, serena, libre de rencor… pero llena de verdad.
El CEO habló con voz solemne:
—Señoras y señores, les presento a Mara Álvarez, fundadora del fondo Álvarez Capital, accionista mayoritaria de Apex Global Solutions desde hace seis años.
Un silencio absoluto.
Leo cayó de rodillas.
Las imágenes del pasado lo atravesaron como cuchillas: el MBA pagado, los contratos firmados con dinero que no era suyo, las noches en que Mara creyó en él cuando nadie más lo hacía… y la humillación de esa misma noche.
Mara tomó el micrófono.
—Durante años —dijo— decidí permanecer en silencio. No por debilidad, sino porque creí en el amor y en la lealtad. Hoy entiendo algo distinto: el amor sin respeto es solo una jaula elegante.
Sus palabras golpearon más fuerte que cualquier grito.
—Esta empresa se construyó con visión, sacrificio y valores. Por eso, el nuevo Vicepresidente será alguien que represente eso.
Pronunció otro nombre. No el de Leo.
El aplauso fue ensordecedor.
Leo, temblando, se arrastró hasta el escenario.
—Mara… perdóname —sollozó—. Estaba ciego. Tenía miedo. Te fallé.
Ella lo miró largamente. No había odio en sus ojos. Solo una profunda claridad.
—No te arrodilles ante mí, Leo —respondió con voz suave—. Arrodíllate ante la verdad. Yo no perdí la capacidad de caminar… tú perdiste la capacidad de amar.
Se giró hacia el público.
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