Parte 4
Bianca rió suavemente. «Este drama es innecesario».
Entonces Ruth entró detrás de mí, con un impecable traje gris y una carpeta de cuero en la mano.
La risa cesó al instante.
Matteo se levantó bruscamente. «¿Quién demonios es esta?».
«Mi abogada», respondí.
Luca empujó su silla hacia atrás. «¿Trajiste a una abogada a nuestra casa?».
«No», se oyó una voz desde la puerta. «Ella trajo la verdad a la mía».
Vittorio Bellini entró lentamente con su bastón, acompañado de su chófer, con el rostro pálido y terriblemente tranquilo.
Bianca se levantó tan rápido que su silla se estrelló contra el suelo.
«Papá».
«No me llames así hoy».
El silencio se volvió insoportable.
Ruth abrió la carpeta. «El señor Bellini ha recibido pruebas que sugieren intento de coacción, ocultación financiera y apropiación indebida planificada de bienes conyugales y familiares».
Serena se llevó la mano a la boca.
Matteo me señaló. —Grabó conversaciones privadas.
—Solo donde la ley lo permitía —respondió Ruth con suavidad—. Y tus comunicaciones escritas resultaron de gran ayuda.
Luca palideció.
Miré fijamente a mi marido. —Les dijiste que firmaría cualquier cosa. Te equivocaste.
Vittorio levantó una mano temblorosa. —Durante años, te burlaste de esta mujer en mi mesa.
Bianca rompió a llorar al instante.
Lágrimas hermosas.
Lágrimas ensayadas.
—Nos tendió una trampa —susurró Bianca—. Fingió no entender.
—No —dije con calma—. Les di privacidad. Ustedes se delataron.
Matteo se acercó, bajando la voz. —Piénsalo bien. Llevas a mi hijo en tu vientre.
Parte 5
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