Ya no soy “la que se queda en casa”.
Ya no soy “una carga”.
Soy quien construyó los cimientos.
Y cuando los cimientos están firmes…
Nadie puede expulsarlos de la casa que ellos mismos levantaron.
Cerrado.
Sin estruendo.
Pero lo suficiente para que quien alguna vez te subestimó lo recuerde toda la vida.
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